Washington justifica el acuerdo petrolero por la trayectoria comprobada de la empresa venezolana de Alejandro Betancourt en la producción de grandes volúmenes de crudo
El secretario de Energía de Estados Unidos respaldó la decisión de estructurar el acuerdo petrolero con Venezuela en torno a North American Blue Energy Partners (NABEP), al sostener que la selección del socio se basó en resultados verificables y no en declaraciones de intención.
“En el mundo de los negocios, a la hora de elegir un socio, lo importante no es quién dice lo correcto, sino quién ha demostrado su capacidad para cumplir. NABEP ha demostrado un historial de gran éxito en la producción de grandes volúmenes de petróleo en Venezuela. Ese es un socio comercial en el que puedes confiar”, afirmó el funcionario.
El secretario precisó la posición actual de la compañía dentro del mercado venezolano y subrayó su condición de empresa nacional. “El segundo mayor productor de Venezuela en la actualidad, de carácter privado, es Chevron y Nabep, la empresa de Alejandro Betancourt. Se trata, por tanto, de una empresa con envergadura, tecnología y una trayectoria contrastada, y es venezolana”, señaló.
En la misma intervención expuso el objetivo estratégico detrás de la alianza: “Queremos asociarnos con el sector privado de Venezuela para aumentar la producción, la producción nacional, y atraer capital del extranjero”.
Las declaraciones se producen en el marco del acuerdo anunciado por la Casa Blanca el 31 de agosto de 2026, que otorgó a NABEP concesiones por 100 años sobre 17 campos petroleros con reservas probadas superiores a los 65.000 millones de barriles. El pacto, firmado por el secretario de Estado Marco Rubio y el secretario de Guerra Pete Hegseth, asegura a Estados Unidos el control mayoritario de esas reservas, una participación del 35% en la matriz corporativa de la compañía para la Oficina de Capital Estratégico del Departamento de Guerra y el derecho a comprar a costo de producción el 20% del crudo extraído.
Del lado venezolano, NABEP se comprometió a invertir hasta 100.000 millones de dólares en nueva infraestructura petrolera y a pagar unos 200.000 millones de dólares en regalías e impuestos durante los primeros 25 años, recursos destinados a financiar la reconstrucción y el desarrollo social del país.

